Los trabajadores de la torre Eiffel

La construcción de la Torre Eiffel: ¡una obra ejemplar!

Jueves 7 Noviembre 2019

Modificado el 08/11/19

La Torre Eiffel se construyó en apenas veintidós meses. ¿Cómo fue posible semejante hazaña? Por Bertrand Lemoine.

A partir del principio de una Exposición Universal concretada para 1889 y de la idea de una torre de 300 metros aceptada a finales de 1884, Gustave Eiffel hizo estudiar a sus colaboradores el proyecto en detalle. Al lanzarse el 1 de mayo de 1886 un concurso de ideas para los grandes edificios de la Exposición, su proyecto ya estaba listo y podía integrarse en el programa. Como era de esperar, Eiffel fue uno de los ganadores y finalmente pudo firmar el 8 de enero de 1887 un acuerdo con el Estado y la ciudad de París para construir la Torre, que ya llevaba su nombre, la cual financió personalmente. Quedaban poco más de dos años para llevar a cabo la construcción.

La Torre era relativamente ligera, 7.300 toneladas, pero aun así le hacía falta una base sólida. Inmediatamente se iniciaron las obras de excavación en el emplazamiento de los cuatro pilares, los cuales permitían alcanzar un yacimiento de grava compacto y suficientemente resistente a pocos metros de profundidad. En el lado del Sena, fue necesario utilizar carcasas metálicas impermeables para excavar por debajo de la capa freática. Dieciséis macizos de piedra, cada uno de los cuales recibía la base de una de las crestas de la Torre, y rodeados por un muro de mampostería a la altura de cada pilar, fueron así construidos en cinco meses.

El secreto de la Torre: la prefabricación

El 1 de julio de 1887, el montaje de la parte metálica ya puede comenzar. El periodo de incubación del proyecto había sido aprovechado: el proyecto ya estaba a punto, las dimensiones de las 18.000 piezas que componían la Torre habían sido calculadas con precisión y seguidamente diseñadas, con 700 diseños de ingeniería y 3.600 planos de talleres. Estas piezas estaban compuestas por una gama limitada de elementos de hierro: chapas planas, ángulos en forma de L, a veces perfiles en forma de I o de T, todo ello suministrado por las forjas Dupont et Fould, con sede en Pompey, en el departamento de Meurthe y Mosela (en el este de Francia). A continuación, las piezas eran trazadas, recortadas y perforadas en los talleres Eiffel, ubicados en Levallois-Perret, a 4 kilómetros a vuelo de pájaro del Campo de Marte. Todas estas piezas se ensamblaban mediante remaches, una especie de clavos grandes que se colocaban en caliente en los agujeros previamente perforados en dos partes para ensamblar. A continuación, se trituraban los remaches para fijar las piezas enfriándolas. Así, dos tercios de los cerca de 2.500.000 remaches que comprendía la Torre se montaron en la fábrica con ayuda de máquinas. Este principio de prefabricación muy cuidadosa de las piezas es el secreto de su construcción ultrarrápida. Todas las piezas ya llegaban premontadas a la obra, en partes de unos pocos metros de longitud que se traían en carros tirados por caballos. Si presentaban algún defecto, se reenviaban a la fábrica.

1º piso: el momento crítico

Se construyeron andamios de madera en la obra a partir del verano de 1887, para soportar los cuatro pilares que se elevaban oblicuamente hacia el cielo. Seis meses más tarde, se construyeron cuatro nuevos andamios de madera para soportar las cuatro grandes vigas que componían el primer piso. El momento crítico del montaje tuvo lugar a finales de 1887: había que conectar esas cuatro vigas a los cuatro pilares, cuya inclinación debía ser regulable. Para ello, se utilizó un par de dispositivos: unas cajas de arena sobre las cuales se apoyaban las crestas y que podían vaciarse gradualmente para descenderlas en posición y unos cilindros hidráulicos con unos pocos centímetros de carrera, insertados en la base de los pilares, que seguidamente se sustituían por cuñas una vez que se había realizado el ajuste.

Hecho esto, la obra podía proseguirse a partir de la plataforma del primer piso. El segundo piso se construyó en julio de 1888 y la cima de 300 metros de altura se alcanzó en marzo de 1889. Para subir las piezas, se fijaron en cada uno de los pilares unas modestas grúas de vapor, de una fuerza de tres toneladas, que trepaban a medida que iban elevándose. Las piezas levantadas en posición se atornillaban temporalmente y, a continuación, los equipos de remachadores fijaban los remaches finales a grandes martillazos.

Un accidente mortal sin relación con la construcción

A pesar de este duro trabajo realizado sobre pequeñas plataformas sin protección ni seguro algunos, y a pesar del frío y del viento, no hubo muertes entre los 117 remachadores y "deshollinadores" contratados entre los carpinteros.  Sin embargo, un accidente fatal cubrió de luto la obra: un obrero italiano que se cayó fuera de su jornada laboral, cuya viuda fue indemnizada discretamente por Eiffel. El 30 de marzo de 1889, la Torre Eiffel ya estaba terminada, justo a tiempo para la abertura de la Exposición universal, en mayo. Los ascensores eran un poco más complicados de instalar, y llegarían unas semanas después de la apertura de la Exposición.

 

Bertrand Lemoine es arquitecto ingeniero e historiador. Ha sido director de investigación en el CNRS y director general del Taller Internacional del Gran París. Es un especialista reconocido internacionalmente de la historia y actualidad de la arquitectura, la construcción, la ciudad y el patrimonio en los siglos XIX y XX, especialmente de París, el Gran París y la Torre Eiffel. Es autor de 43 obras y de varios cientos de artículos sobre estos temas. Actualmente, es asesor sobre cuestiones arquitectónicas, urbanas, digitales y energéticas.

Photo Bertrand Lemoine

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