Tour Eiffel illuminée

Una breve historia sobre la iluminación de la Torre

Jueves 23 Abril 2020

Modificado el 05/05/20

Desde el principio, la Torre siempre ha estado iluminada por proyectores. En efecto, es inimaginable que no se pueda ver de noche... Por Bertrand Lemoine.

Cuando la Torre fue inaugurada en 1889, el gas era el único modo de iluminación posible, unos años antes del desarrollo de la electricidad. Para resaltar el perfil de la Torre, se instalaron 10 000 farolas. Unos focos en el suelo la iluminaban por la noche. Un faro se erigía en lo alto de la cima, protegido por una rotonda de vidrio bajo una pequeña cúpula. Por último, dos focos eléctricos móviles sobre raíles podían desplazarse en torno al nivel superior del tercer piso, alrededor del despacho de Eiffel. 

La electricidad llega en 1900

Los progresos de la electricidad a partir de 1900 ya permitieron modernizar estos dispositivos. Las bombillas eléctricas sustituyeron a las farolas para resaltar las aristas de la Torre. Para la Exposición Internacional de 1925, André Citroën tuvo el privilegio de inscribir su nombre en tres lados de la Torre, en letras luminosas gigantes, gracias al talento de Fernando Jacopozzi. Esta disposición duraría hasta 1936; mientras tanto, se instaló un reloj en 1933 en la E de Citroën. 

La Exposición Internacional de 1937 alentó un nuevo proyecto, diseñado por el arquitecto André Granet, casado con una de las nietas de Gustave Eiffel. Se enfocaba en la iluminación en las caras interiores de la Torre, bajo el primer piso entre los cuatro pilares. Unos tubos fluorescentes dibujaban... ¡un encaje! Treinta focos iluminaban la Torre desde el exterior. Fueron reemplazados en 1958 por 1290 pequeños aparatos, colocados a su alrededor en hoyos.

Nueva iluminación espectacular en 1985

La gran innovación en la iluminación de la Torre llegó en 1985, con la instalación, en el marco de la campaña de restauración de la misma, de 336 lámparas de sodio dentro de la estructura. Diseñado por Pierre Bideau, ingeniero proyectista, este dispositivo produce un efecto espectacular al hacer que la propia torre se convierta en una fuente de luz, cual joya engastada en su joyero, con un hermoso tono de amarillo anaranjado. 

Inaugurada el 31 de diciembre de 1985, esta iluminación aún sigue en pie hoy día. En 2004, los focos fueron equipados con lámparas de menor potencia -600 W en lugar de 1000 W- pero de una mayor eficacia, asegurando un notable ahorro de energía, y conservando a la vez el aspecto original.

Fue completada a partir del 1 de enero de 2000 con 20 000 flashes parpadeantes, instalados por equipos de alpinistas directamente sobre la estructura. Prevista para una instalación temporal, esta instalación se desmontó en 2001 para volverse a montar un año después. Parpadea durante 10 minutos y seguidamente, por razones de economía, 5 minutos cada hora en punto todas las noches hasta la 1:00 de la madrugada.  Además de la adición del parpadeo, el faro de la cima fue sustituido por cuatro faros, cada uno de los cuales ilumina sucesivamente un cuarto del horizonte, dando la ilusión de un faro que gira continuamente.

La vida de la Torre, marcada por sus iluminaciones

Numerosas iluminaciones y colores temporales -por medio de instalaciones exteriores, con mayor frecuencia a base de focos colocados en el Puente de Jena- también marcan la vida de la Torre con motivo de diversos acontecimientos: en 2004 para el Año de Francia en China, se vistió de rojo; en 2006, se vistió de azul con los colores de Europa; en 2007, de verde para la Copa del Mundo de Rugby; en 2008, de azul estrellado para la presidencia francesa de la Unión Europea; en 2016, de verde para la COP 21 o de azul, blanco y rojo tras los atentados de Niza. O incluso, cada año, de color de rosa para la campaña "Octubre rosa" contra el cáncer de mama... Su iluminación -o su extinción en señal de luto- se convierte así en el vector simbólico de mensajes que pueden alcanzar al mayor número de personas.

El más reciente gran evento de iluminación data de mayo de 2019, con un espectáculo luminoso excepcional firmado por Bruno Sellier, interpretado varias noches seguidas para celebrar el 130º aniversario de la Torre Eiffel.

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Historia de una Torre iluminada

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Bertrand Lemoine es arquitecto ingeniero e historiador. Ha sido director de investigación en el CNRS y director general del Taller Internacional del Gran París. Es un especialista reconocido internacionalmente de la historia y actualidad de la arquitectura, la construcción, la ciudad y el patrimonio en los siglos XIX y XX, especialmente de París, el Gran París y la Torre Eiffel. Es autor de 43 obras y de varios cientos de artículos sobre estos temas. Actualmente, es asesor sobre cuestiones arquitectónicas, urbanas, digitales y energéticas.

Bertrand Lemoine

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